
¿Hasta qué punto puede ayudarnos un robot a superar nuestros traumas? Los últimos avances de la robótica en la medicina van más allá de la curación fÃsica, a los robots de diagnóstico, robots para la discapacidad, robots para la rehabilitación o robots quirúrgicos se suman los robots terapéuticos, destinados a motivar a los niños, hacer compañÃa y estimular a los ancianos, asà como ayudar a personas con problemas psicológicos.
No es fácil construir una máquina que sea capaz de satisfacer la necesidad humana de compañÃa, sin embargo empresas como Fujitsu, Innovo Labs y PARO Robots han desarrollado robots con un efecto terapéutico similar al de la zooterapia.
Un osito, un dinosaurio y un bebé foca
¿Qué pueden tener en común un osito, un dinosaurio y un bebé foca? Que todos son robots y comparten el mismo fin: ayudarnos con su compañÃa.
Teddy Bear es el oso-robot desarrollado por Fujitsu y diseñado para motivar a los niños y estimular a las personas mayores. Es capaz de reconocer las expresiones faciales y movimientos gracias a una cámara situada en su nariz, de tal forma que si la persona situada ante él sonrÃe, Teddy se mostrará feliz y también lo hará.
Además cuenta con una red de 13 sensores repartidos en su cuerpo de peluche y más de 300 acciones precargadas para interactuar con las personas que lo rodean. Es capaz de reir, contestar a un saludo, mostrar su felicidad dando palmaditas, hacer la siesta e incluso roncar.
Fujitsu está trabajando para ampliar las capacidades del robot mediante una conexión a red de forma que, además de la ayuda terapéutica, pueda proporcionar información vital de la persona usuaria por si ocurre algún accidente y necesita ayuda inmediata y urgente.
Por otra parte, Pleo ha sido diseñado por los Laboratorios Innvo y su comportamiento está centrado en la terapia animal ya que el pequeño dinosaurio puede responder al contacto y a una voz, buscar comida, asà como mostrarse cariñoso y complacido cuando lo acarician.
Casi se podrÃa decir que Pleo es como el de una mascota de carne y hueso, está programado para ser curioso, investigar los objetos, hacer ruido y responder al tacto y la vista, incluso pasa por las mismas fases de crecimiento de un animal, mostrando dificultad para caminar cuando es una crÃa o curioso y juguetón en su etapa juvenil, asà hasta llegar a la etapa adulta.
Recientemente Nuka, que es como se conoce en España a la foca robot terapéutica de PARO Robots, ha cobrado protagonismo por ayudar a ancianos sobrevivientes del terremoto y del tsunami que azotó a Japón en pasado mes de marzo.
Esta pequeña foca robótica tiene el nombre genérico de Paro y fue diseñada en 1993 por Takanori Shibata para el Intelligent System Research Institute de Japón, aunque no empezaron a comercializarse hasta el año 2004. Cuenta con cinco tipos de sensores: de temperatura, de tacto, de luz, de audio y sensores de posición con los que puede percibir las personas y su entorno. Gracias a estos sensores es capaz de reconocer la luz y la oscuridad, distinguir entre una caricia y un golpe, o incluso reconocer algunas palabras.
Paro además es capaz de “aprender” comportamientos de forma que si le das un golpe recordará su acción anterior y tratará de no repetirla en el futuro pero si le acaricias, recordará que eso estaba bien.
En principio Teddy, Pleo y Paro ofrecen las mismas ventajas terapéuticas que un animal doméstico y representan una alternativa para personas con necesidades especiales que no pueden ocuparse de un animal real. Su principal ventaja es que no producen alergias, no necesitan que los limpien ni que los alimenten, no muerden, no arañan…. Sin embargo, la pregunta obligada es ¿se puede sentir empatÃa por un robot? A fin de cuentas no es más que conjunto de acciones aprendidas y con una duración limitada a una baterÃa.
La respuesta tal vez la podamos encontrar en un experimento realizado en el año 2008 por cientÃficos de la Universidad Politécnica de Aquisgran, en el que se constató que cuando un humano se relaciona con robots que se asemejan a humanos, se le activan las mismas zonas cerebrales que el cerebro utiliza para evaluar el estado de ánimo, intuir los pensamientos, los sentimientos y los deseos de otro humano. IncreÃble teniendo en cuenta que somos conscientes de que una máquina no posee sentimientos ni auténticos estados de ánimo, sin embargo también es cierto que vincularse emocionalmente a los objetos es una capacidad del ser humano que adquirimos desde que somos pequeños (el muñeco que nos ayuda a dormir, el amuleto que nos hace sentirnos seguros, nuestro bolÃgrafo de la suerte…).
La realidad para el hombre no es únicamente lo que percibe de una forma racional sino también lo que desea creer, por tanto, si Teddy, Pleo y Nuka hacen que nos sintamos mejor, aprovechemos esta circunstancia.
















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