La idea de los viajes en el tiempo es tan antigua como el ser humano, y esto se debe a los sueños del hombre de conseguir lo imposible, de ir mucho más allá, de convertirse en dioses. En esta serie de post sobre los viajes temporales vamos a intentar explicar la posibilidad o imposibilidad de viajar en el tiempo.
En primer lugar debemos intentar comprender qué es el tiempo y cómo funciona. Esto es algo más complejo de lo que parece porque el tiempo desde el punto de vista de la teorÃa fÃsica es mucho más antiintuitivo de lo que parece. De ahà que se hable de las tres ideas equivocadas que tenemos sobre el tiempo.
El tiempo es igual en todo el universo.
El tiempo es constante.
Vivimos en un universo que tiene tres dimensiones.
Lo que sabemos ahora es que el tiempo es una dimensión tal y como lo son las dimensiones espaciales que podemos conocer, y está tan entrelazada con éstas que los cientÃficos la denominan dimensión espacio-tiempo. Esta dimensión es una especie de red que se puede estirar, encoger, retorcer, hacer nudos o cualquier cosa imaginable.
Para entender mejor la dimensión espacio-tiempo usaremos la analogÃa de la esponja. Nosotros tenemos una esponja en el baño y la atravesamos con una aguja de calceta. Si movemos la aguja a una velocidad constante tardaremos en atravesarla en un tiempo determinado, sin embargo, si comprimimos la esponja todo lo que podamos y le pasamos la

aguja a la misma velocidad, atravesaremos la esponja en menos tiempo, y no sólo eso, además la parte de la aguja que está rodeada por esponja, será mucho menor que si esta no está comprimida. Basándose en estas investigaciones en el universo de cuatro dimensiones (y en este momento no entraremos en las teorÃas que nos apuntan a que existen por lo menos otras 6 teóricas), varios fÃsicos teóricos y experimentales están intentando desarrollar sus máquinas del tiempo.
Si se puede llegar a distorsionar lo suficiente el espacio-tiempo seremos capaces de atravesar enormes distancias en mucho menos tiempo que lo harÃa la luz. ¿Cómo se harÃa eso? ¿Con un Delorean? No. Los cientÃficos trabajan principalmente con dos elementos para distorsionar el tejido del espacio-tiempo: la velocidad y la gravedad que, casualmente, nos darÃa las opciones antagónicas.
Por una parte, tenemos las teorÃas de la relatividad de Einstein que hablaban de la velocidad de la luz. En su dÃa el cientÃfico alemán ya propuso la paradoja de los gemelos, en la que apuntaba que si uno de dos hermanos gemelos se embarcaba en un viaje por el espacio en un cohete que fuera a velocidades cercanas a la luz y regresara al cabo de unos dÃas, de vuelta en la Tierra habrÃan pasado años y su hermano gemelo serÃa mucho más viejo que él. Estas teorÃas se demostraron años más tarde con dos relojes atómicos sincronizados, uno en la Tierra y otro en un reactor. Cuando el reactor llegó a la Tierra y se detuvieron los relojes, el que habÃa estado volando marcaba una hora anterior a la de su reloj de control. Es más, los satélites que coordinan los GPS tienen en cuenta estas variaciones para que no exista una asimetrÃa entre el tiempo en su órbita y el tiempo en la Tierra.
Por lo tanto este es uno de los métodos de viajar al futuro, la de dilatar nuestro tiempo de una forma que al llegar a nuestro punto de destino el tiempo haya transcurrido mucho más despacio para nosotros. Esto sucede constantemente, pero la velocidad a la que nos movemos habitualmente, por muy rápido que sea el medio de transporte que utilicemos, es tremendamente baja comparada con la de la luz. De ahà que lo fundamental sea pasar al segundo punto y tratar de hacer los viajes en el tiempo modificando la gravedad.
La gravedad actúa en el tejido del espacio tiempo modificándolo, comprimiéndolo de hecho, por lo que en lo alto de una montaña el tiempo transcurre más rápido que en la superficie de los mares. Se sabe que a nivel subatómico, las partÃculas pueden viajar en el tiempo y que no solo son energÃa y materia al mismo tiempo, también se encuentran en diferentes lugares del espacio tiempo a la vez.
Segunda parte: Máquinas del tiempo II: los prototipos



















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